
Me llamo
María Laura Calderón
Tengo 36 años y llevo 16 años dedicándome al maquillaje profesional. Empecé este camino cuando tenía apenas 19 años, en una época muy distinta a la actual, donde las redes sociales todavía no existían como herramienta de trabajo y la única forma de darse a conocer era el famoso “boca a boca”. Así fue como crecí: gracias a las recomendaciones de las primeras personas que decidieron confiar en mí desde el inicio.
Cuando empecé a maquillar, trabajaba completamente a domicilio. Visitaba casa por casa y cada semana conocía más clientas. Pasaba horas dentro del carro, muchas veces estresada intentando llegar puntual a cada cita. En esa etapa, mi papá fue una pieza fundamental en mi vida y en mi crecimiento profesional. Él era quien me llevaba a todas partes y me esperaba hasta terminar cada jornada, incluso hasta altas horas de la noche.
Gracias a él también nació mi “primer estudio”: un pequeño espacio improvisado en la sala de mi casa, con sillas plásticas forradas con mantel negro y unas cajas con espejos y luces que él mismo preparó para mí. (Por aquí les dejaré una foto porque siempre será uno de mis recuerdos favoritos).
Ese pequeño rincón, hecho con muchísimo amor y esfuerzo, terminó convirtiéndose en un salón de clases para seis alumnas. Durante mucho tiempo llené todos mis cursos de automaquillaje cada sábado en la mañana y, apenas terminaban las clases, salía directo a atender mis citas. Fueron años intensos, cansados, pero profundamente felices para mí.
Recuerdo que mi papá siempre me decía que yo no podía pasar toda la vida moviéndome de un lado a otro, porque sabía lo agotador que era. Él soñaba con verme en un lugar fijo, donde pudiera recibir cómodamente a mis clientas y donde el servicio a domicilio se convirtiera en algo más especial. Escucharlo decir eso me emocionaba muchísimo, porque también era uno de mis sueños.
Aunque ya tenía aquel espacio en la sala de mi casa, seguía sin ser un lugar privado. Entonces le pedí a mi mamá el comedor de la casa y, junto a mi papá, transformamos ese espacio en un verdadero estudio de maquillaje. Cerramos el área con una puerta y poco a poco lo convertimos en el lugar donde crecieron muchos de mis sueños. (También les dejaré una foto porque guarda una historia muy especial para mí).
Para ese momento ya tenía dos años trabajando como maquilladora profesional y las redes sociales empezaban a tomar fuerza. Cada vez más personas me buscaban, no solo para maquillarlas, sino también para aprender conmigo. Así fue como empecé a dictar cursos de maquillaje profesional, perfeccionamiento y automaquillaje. Llegué a tener múltiples horarios y muchísimas alumnas.
Y si hay algo que he descubierto en todos estos años, es que amo profundamente enseñar. Amo esa parte de mí que puede compartir generosamente lo que sabe, corregir con paciencia, acompañar, motivar y ver crecer a otras mujeres. Esa faceta se convirtió en una de las partes más bonitas de mi carrera.
Después de unos cuatro años, tuvimos la oportunidad de mudar mi espacio de maquillaje y el estudio fotográfico de mi hermano al piso de arriba de mi departamento. Lo remodelamos completamente y lo convertimos en un lugar increíble. Ahí ya podía recibir entre 16 y 18 alumnas por horario. Tenía tres horarios distintos para mis cursos de maquillaje profesional y, al mismo tiempo, seguía trabajando muchísimo con mis clientas, especialmente los sábados y con varias novias cada temporada. Fue una etapa muy especial para mí.
Un año después llegó otra gran oportunidad y nos mudamos a un espacio mucho más céntrico y accesible para todos. Ese lugar se convirtió en un estudio mucho más preparado, profesional y cómodo. Durante esos años tuve la oportunidad de trabajar en portadas de revistas, con personas de televisión, en charlas para empresas y en muchos proyectos hermosos que me dejaron experiencias inolvidables.
He tenido años muy lindos y variados, llenos de aprendizajes, retos y momentos importantes. En el 2018 nació mi primer hijo y eso hizo que empezara a bajar un poco el ritmo, pero jamás renuncié a lo que amo hacer.
Y luego llegó el 2020… Todo se canceló. Todo se apagó un poco. Fueron meses de muchísima incertidumbre, cancelaciones y desilusiones para todos los que trabajamos en este medio. Pero logré salir adelante porque, además de maquillar, hago una torta de chocolate buenísima y me puse a vender y vender para poder sostenerme y seguir adelante.
Creo que algo que siempre me ha caracterizado es que no me rindo fácilmente. Siempre trato de encontrar la manera de salir adelante, reinventarme y volver a empezar si es necesario. Y en Ecuador, después de la pandemia, también hemos vivido momentos difíciles: toques de queda, cortes eléctricos, muerte cruzada, inseguridad, recesión, demasiada inestabilidad… situaciones que muchas veces nos han hecho sentir estancados o avanzando más lento de lo que quisiéramos. Pero incluso así, sigo apostando por construir este espacio especial para mis clientas y mis novias. Porque, pase lo que pase, mi estudio siempre será un lugar feliz para mí. Trabajar me encanta. Atenderlas me ilusiona y, de alguna manera, también me relaja. Qué bonito es ayudar a otras mujeres a sentirse seguras, lindas y a brillar. Y qué natural se siente para mí hacer esto.
Hoy ya soy mamá de dos hijos, que son mi vida y mi mayor motor. Claro que esta es una carrera sacrificada, pero poco a poco he aprendido a organizarme para poder lograrlo todo. Y sinceramente, no hay nada como ser tu propia jefa y tener la libertad de organizar tu tiempo. Eso sí… algo que me caracteriza muchísimo es el compromiso. Si me contratas, ahí voy a estar.
En esta etapa de mi vida también tengo un poco más de espacio para volver a dedicarme a la enseñanza, que sigue siendo una de mis grandes pasiones. Espero poder tenerlas no solo como clientas, sino también como alumnas.
Muy pronto volverán los cursos de Maquillaje Profesional y perfeccionamiento, tanto online como presencial.
Y de corazón… gracias por leer hasta aquí. ✨







